13 de julio de 2016



Cine del oeste y filosofía.

Publicado por: martin masciardi / @MartMasciardi



El spaghetti western fue considerado en los años sesenta un género menor del western clásico americano. Pasado de moda y cuyo máximo exponente había sido el director John Ford tiempo atrás. El nombre de spaghetti western responde al de películas sobre el viejo oeste filmadas en suelo europeo, en Italia para ser más preciso. Quizá el director más conocido actualmente en el género sea el hoy célebre Sergio Leone con sus clásicas películas ¨Por un puñado de dólares¨ o ¨Por unos dólares más¨ pero sin dudas que la más conocida es ¨El bueno, el malo y el feo¨ protagonizada con leyendas del cine como Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Las magnificas escenas sobre las que se desarrolla la acción, acompañadas de la música del compositor Ennio Morricone le dan un toque épico, de epopeya del desierto. Un mundo salvaje en el marco de un país en plena conformación, donde la Nación es todavía una noción confusa. Donde aún impera la ley del más fuerte porque las instituciones están en plena conformación. El lejano Oeste es la bisagra que articula dos planos distintos pero interrelacionados: el polo industrial con sus puertos y el ambiente cosmopolita con la región agrícola ganadera del sur con su sociedad estratificada. Dos Weltanschauung opuestas que no tardaran en entrar en conflicto. Y es por eso que la expansión al Oeste, hacia la tierra salvaje, es representada como inhóspita, con límites pocos precisos y con todo un orden institucional y social en plena conformación. En el mismo confluye la incipiente burocratización de la sociedad a través del Estado con el mundo salvaje. El Spaghetti western es la expresión cinematográfica de aquel mundo con toda su variedad de matices decimonónicos a través de ciertos estereotipos sociales que se traducen en el imaginario social como esencialismos subjetivos. Estas hacen posibles la elaboración de taxonomías sociales cuya base es el prejuicio generalizado: el bandido, el alguacil, el juez, el héroe, los indios, los apostadores, las prostitutas del bar y demás estereotipos presentes en este tipo de films. El escenario: el desierto. El pequeño pueblo en medio de la nada, los caminos en medio de montañas; es decir aquel mundo en el cual el orden institucional si bien no está ausente, sí está en plena etapa de conformación, en relación y connivencia con el mundo salvaje. Pero no crea el lector que estoy emitiendo algún juicio de valor, lejos de eso, mi intención es dar cuenta de cómo esté género cinematográfico da cuenta del proceso de conformación del Estado americano y de cómo este espacio-el lejano Oeste- pone en relieve el fin de un momento dentro de la historia americana para dar lugar al nacimiento del Estado y su reunificación dentro del marco de una confederación de Estados americanos en expansión.


 Me interesa tomar un ejemplo dentro de este género. Una película en particular que me permite tomar nota de ciertas expresiones cuyo contenido filosófico es explícito si miramos con detenimiento en ¨El Bueno, el malo y el feo¨. El escenario se desarrolla en el marco de la Guerra civil americana. La Confederación del Sur con su economía rural y el sistema esclavista como medio de producción y el norte industrial con sus puertos marítimos en la costa Este. El lugar: el Desierto. El desierto no es cualquier escenario, el desierto es el límite entre la civilización y la barbarie, es en el desierto donde se resuelven los pleitos, donde se dan las batallas, es el lugar donde las instituciones del Estado no tienen jurisdicción. La única ley que impera en el desierto es la de aquel capaz de imponerla por la fuerza. El desierto es lugar de los marginales. Pero los marginales del western no son ¨victimas del sistema¨. Los marginales lo son por situarse al margen del Estado y a toda su organización burocrática incipiente como forajidos que imponen su propia Ley. Se cruzan ambos órdenes en el plano de la justicia a través de la figura del cazarrecomprenzas al servicio de la institución judicial. El cazarrecomprensas es un hombre fuera de la ley que por conveniencia temporal colabora con el orden social. Pero qué tipo de justicia se administra desde el orden institucional. El ahorcamiento. El cazarrecompensas colabora con la justicia pero ésta no deja de aplicar sanciones no menos ¨bárbaras¨ que los crímenes cometidos. Al parecer, se dan en una misma superficie dos modos de configurar el orden. Por un lado, la justicia eleva un precio y una remuneración frente a la imposibilidad de ser ella misma la encargada de ocuparse y por el otro, establece connivencia con quienes le son afines, en este caso, el cazarrecompensas que no es más que un forajido al servicio de… Y sin embargo en el film que cité más arriba se da una particularidad: cazador y cazado son cómplices. Hay toda una puesta en escena. Se entrega al prisionero, se cobra la recompensa y en el momento de ser ejecutado, en nombre del orden social y luego de repasar sus crímenes en público: asesinato, robo de ganado, violaciones, estafas… su entregador lo deja en libertad a través de un tiro certero en la soga de la que cuelga el bandido, y así van de lugar en lugar haciendo uso de la misma estrategia. 

 En el western los personajes principales viven al margen de la ley, del Estado y del orden social, opera en ellos eso que Deleuze denominó: desterritorialización, es decir el esfuerzo por encontrar una vía alternativa para aventurarse por márgenes inéditas con el fin de devenir otra cosa, en el caso presente, es posible que ese devenir refiera a una vida que rechaza cualquier imposición heterónoma. Y si bien toda desterritorialización es a su vez la búsqueda de reterritorializarse en otro sitio, la línea de fuga se realiza en pos de cierta autonomía que les es limitada aquí con el incipiente devenir del Estado. Con la conformación de un orden de justicia, de policía, social y laboral, conformación de una fuerza militar profesional, y así pasando por todas y cada unas de las ramas institucionales que le dan cuerpo. El cowboy, el hombre del Oeste, es a su modo un dissident. Ejemplos en el film de Sergio Leone, vemos a nuestros protagonistas vestir en un primer momento el uniforme de los confederados del sur y más tarde el uniforme de los liberacionistas del norte por situaciones cuyos hechos son contingentes porque para ellos es una guerra sin sentido y no porque sean ¨hippies pacifistas avant la lettre¨. Sino, simplemente, porque sus motivaciones pasan por otro lado, buscan enriquecerse para luego huir a la frontera del sur con 200.000 en monedas de oro. Buscan el bien personal, no persiguen ningún tipo de interés colectivo como tampoco les interesa la guerra civil y todo ese baño de sangre, al que consideran vano y cuyos intereses no les corresponden. Porque no hay correspondencia, no se representan con los intereses de ese Estado que busca su unificación y conformar así la nación americana. La imagen final en medio de un cementerio ilustra perfectamente la escena: la vida se conquista al margen de los intereses del Estado sobre un cementerio repleto de jóvenes muertos por la guerra. 

 El western es un género épico. Narra hechos fantásticos en el marco de acontecimientos reales. Las imágenes que se suceden se dan en escenarios en los cuales confluyen cosmovisiones y mundos diferentes, la guerra entre el norte y el sur, el avance de las fronteras hacia el Oeste. En este mundo, los villanos no lo son tanto y los buenos, por ejemplo, no dudan en cometer traición y matar con los ejércitos combatiendo, tabernas con prostitutas y todas aquellas imágenes cargadas de referencias al folclore americano decimonónico que se dan lugar en este tipo de films de fondo a la acción. Por lo mismo, las películas del director italiano Sergio Leone supieron dar cuenta de este mundo en momentos en que este género cinematográfico no estaba en boga, la sabia elección de los actores, un joven Clint Eastwood, actor casi desconocido por entonces o la elección de un villano muy particular en la piel de Gian Maria Volonté o de Lee Van Cleef nos permite apreciar, por ejemplo, a un roba bancos, violador, asesino y sin embargo, tanto en su mirada como en su proceder, trasmite soledad, tristeza y demás sentimientos patéticos generando empatía con el espectador, y pese a ello son villanos de primera línea. Otro ejemplo dentro de la misma serie es el actor Eli Wallach con sus rasgos latinos es la expresión del hispano del viejo Oeste cuando aun las fronteras entre México y los Estados Unidos eran confusas y estaban en disputa. Y el inmortal Lee Van Cleef con su papel de villano y militar, inolvidable en la escena final del cementerio donde tres hombres se juegan la vida en medio de un duelo que decidirá quién será el acreedor de 200.000 monedas de oros con la inefable orquesta de Ennio Moriconne sonando de fondo. Se decide en ese juego de miradas, de medirse con distancia, la vida y la muerte. Vivir o morir. La vida se conquista.

 Porque en el western la vida no es un regalo divino. La vida se debe conservar, se conquista y se impone, aquel que permanece con vida es porque es capaz de quitársela a otro, el juego de antagonismos es una constante; sin embargo, se está lejos de la clásica novela moderna con su maniqueísmo moral, no hay buenos y malos puros. En el western, el bueno no duda en matar, cometer traición o tomar una prostituta para pasar la noche como tampoco emborracharse en la taberna porque la diferencia son pocos claras. Quizá, no lo afirmo, está puesta en los intereses y los medios empleados los que definen el carácter. Intereses que confluyen: ambos quieren preservar la vida a costa del otro y ambos codician el dinero. Nosotros aquí, en este rincón austral del mundo, también tenemos nuestra propia épica gauchesca con nuestra propia guerra civil, matanza de indios en el sur, una frontera en expansión sobre eso que los historiadores llaman ¨desierto¨ pero hay una diferencia significativa que posiblemente de cuentas de por qué somos cómo somos. Martín Fierro. Nuestro personaje de los llanos es un derrotado, toda la segunda parte del libro de Hernández es un canto de lamento a la derrota con todo ese patetismo miserabilista de aquel que se somete. Por el contrario, en la narración del género western, el héroe solitario escapa, huye a la frontera, al mítico Paso, con el botín o cae combatiendo a las fuerzas del orden pero nunca se da el caso de la entrega voluntaria, de la ¨vuelta¨, del sometimiento y la posterior queja lastimera. Al parecer nuestra historia no es más que una queja, un lamento que nos atraviesa de punta a punta. Mientras que no hay lugar para lamentos en el viejo Oeste. La vida, como dije, no es un regalo divino, se debe conservar y conquistar porque no hay lugar para quejas e injusticias. 

 El género western da cuentas de un mundo que hoy no tiene lugar, sin embargo es posible encontrar en él ciertas permanencias, ciertas continuidades y también cortes que dieron lugar a la conformación del mundo tal cual es hoy. La historia no es lineal y tampoco posee un sentido subyacente sólo legible por historiadores y filósofos profetas. Pero es posible rastrear eso que aún permanece de modo distinto, buscar el puente entre ese momento y el nuestro para dar cuentas de cómo el tiempo pretérito fue configurando nuestro presente sin determinarlo. Porque lo que pone en superficie este tipo de películas son aquellas representaciones a través de las cuales un conjunto social configura su pasado. Lucha y conquista, expansión y matanza. El viejo western americano ilustra un pasado de lucha, conquista y disidencia. Pero no se trata de hacer una lectura ¨ideal¨ de un tiempo pretérito que no nos corresponde, por el contrario, sino, de pensar: cómo llegamos a ser lo que somos. La idea principal es romper con eso que somos para así poder devenir otra cosa y como el héroe de la narración: huir a la frontera de lo desconocido o caer en batalla pero como un sujeto libre que determina su destino desde sus elecciones personales. Al fin de cuenta de eso se trata el género western.
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