8 de junio de 2016



Sartre: Literatura y Filosofía

Publicado por: Jornadas Gilles Deleuze San Juan FFHA UNSJ
Qué es la literatura? Por qué escribir? Para quién se escribe?

Sartre libros.

Pero para quién escribe el escritor hoy? Traslado el problema a nuestro presente. La respuesta de Sartre no me resulta anacrónica, sobre todo considerando cierto tipo de escritura que circula por internet por dar un ejemplo. Para dios es una respuesta posible, para sí mismo también, así el arte de escribir deviene una rama más de la metafísica: una oración, un examen de conciencia, un petite affaire privée o un grupo sectario de iluminados cuyos miembros son los únicos capaces de entenderse en su jerga esotérica. ¨Cualquier cosa menos una comunicación.¨ afirma Sartre.

Qué es la literatura? Tiene sentido preguntar por aquello que hace a la literatura. Al plantear la pregunta por su identidad, la pregunta, pareciera situarnos dentro del campo de la teoría literaria pero no es así. La pregunta aquí se presenta como problema, la misma surge de la necesidad de responder a un problema tripartito: ¿Qué es escribir, por qué se escribe y para quién se escribe? Sartre nos advierte que el problema surge como respuesta a sus críticos que lo condenan en nombre de la literatura sin decir qué entienden por eso, el problema nos sitúa con Sartre en un plano afirmativo: examinar el arte de escribir. De esta manera el primer problema a resolver es en qué consiste escribir. Qué es escribir. Sartre divide aguas, polemiza con los poetas de su tiempo que bajo estilo del suprarrealismo tratan a las palabras como cosas y no como signos, por lo tanto para nuestro autor son incapaces de establecer comunicación. La diferencia con el prosista, al que denomina escritor como si el poeta, si bien trabaja con las palabras, es como si su obra no estuviera dentro de la literatura, porque para Sartre, sólo el significado puede dar a las palabras su unidad verbal, sin esta unidad las palabras serían sólo sonidos o trazos vacíos. Esta es la clave para comprender la diferencia que traza entre la poesía de su tiempo y el arte del prosista. La importancia de esta distinción radica en la función que habrá de asumir la escritura narrativa, se entrelazan la consideración del arte de la prosa como la construcción de sentido con la de revelar, la de mostrar y significar el mundo pero no para describirlo objetivamente desde las alturas contemplativas del vuelo metafísico, sino para revelarlo en su materialidad cruda y mal oliente, exponerlo como un objeto desnudo para que nadie en el mundo pueda decirse inocente. Así, la función del escritor se desprende del problema qué es escribir: ¨obrar de modo que nadie pueda ignorar el mundo y que nadie pueda ante el mundo decirse inocente.¨ Es decir, escribir, consiste en entregar mensajes a los lectores, transmitir significados con la cual nos desplazamos a un segundo problema: Por qué escribir.







Del problema de por qué escribir Sartre desprende algunas reflexiones sobre lo que hace a un autor, las diferencias con el lector y la relación necesaria entre ambos que presupone la libertad como elemento aglutinador. Ahora bien, habíamos comentando que el problema qué es escribir ponía en superficie la función del escritor, en relación con eso, podemos agregar que además le concierne la misión de regular y controlar el trazados de los signos, la administración de las palabras se hace necesaria para dar lugar a la singularidad del autor, es decir, el estilo. El estilo es tan importante como el compromiso del autor de entregar al lector el mundo en su materialidad más cruda. De esta manera, el escritor, al regular las palabras proyecta. El futuro es para el autor una página en blanco mientras que para el lector el mismo se constituye de la cantidad de páginas que hacen a la totalidad de la obra. Así, leer y escribir, escribir y leer, son dos operaciones que se presuponen porque en Sartre el arte es por y para los demás.


Sartre considera que la obra literaria es un llamado a la libertad del lector para que éste colabore en la producción de la obra. De este modo la lectura se entiende como un ejercicio de generosidad porque el autor escribe para dirigirse a la libertad de los lectores con tal que le sea a él reconocida su libertad creadora. Quienes estén más o menos familiarizados con la obra sartreana podrán advertir que en nuestro autor filosofía y literatura son una misma cosa, dos registros distintos, eso sí, pero un  medio equivalente por el cual, siguiendo a nuestro autor, transmitir un mensaje. La temática de la libertad atraviesa de inicio a fin la obra sartreana, por su puesto, el concepto de libertad adquiere matices diferentes en relación a la división, que por comodidad expositiva, podemos establecer entre obras tempranas o de madurez. Pero no tengo por objeto hacer explícito esos matices, sino exponer un problema que a Sartre preocupó a lo largo de su carrera: la literatura. Pero la literatura no entendida como un género especifico, sino como algo mayor, más abarcativo, imposible de definir, al menos desde este punto de vista.

Es por este motivo que Sartre escribe: ¨Por eso, sea ensayista, folletinista, satírico o novelista, no tiene más que un tema: la libertad.¨ Entonces por qué escribir. Porque mi libertad al manifestarse en mi capacidad de administrar las palabras me revela la libertad del otro y la finalidad de dicho propósito: Recuperar este mundo para exponerlo tal cual es pero cuya fuente es siempre la libertad humana. Entonces si escribir es querer la libertad, usted nos dice Sartre: ¨ha quedado comprometido¨ Pero a qué, nos desplazamos así al último problema: para quién se escribe?


El problema se dirime pronto: para todos los lectores. Pero nos advierte Sartre, cuidado, nuestros lectores nos condicionan como escritores, cuidado, que apelar a la libertad no sea una consigna vacía, un valor eterno que apenas tiene carne, la libertad misma, así, corre peligro de devenir una rama seca. Lo quiera o no y aunque el escritor aspire a un lugar entre los nombres santos de la literatura, sus palabras están destinadas a sus contemporáneos. Sartre sitúa al escritor en su Historia-con mayúscula- y por ese motivo, siguiendo a nuestro autor, el problema de la eternidad como vía de escape siempre es tentador. Porque el mundo en el que Sartre nos coloca, no es un mundo, más allá de la belleza manifiesta de su prosa, un mundo bello, sino el de la enajenación, la situación, la historia y es este mundo el que se debe asumir. Así, nuestra relación con nuestro público, decidirá nuestro tema porque el público es el otro y para explicar estos razonamientos Sartre toma como ejemplo al escritor negro Richard Wright(1908-1960). Para quién escribe Wright? Para los negros cultos del norte y a los blancos de buena voluntad. Los lectores negros representan, según Sartre, la subjetividad del autor, para quienes nos es necesario demasiadas explicaciones porque el escritor les hace ver con claridad sus propias situaciones, para los blancos las palabras no tienen el mismo significado. El escritor cambia hasta de objetivo, nos aclara Sartre, hay una: ¨doble postulación simultánea¨ que remite a dos contextos. El público de Wright es un público fisurado y sin embargo, nos dice Sartre, ha logrado superar la rotura.

Pero para quién escribe el escritor hoy? Traslado el problema a nuestro presente. La respuesta de Sartre no me resulta anacrónica, sobre todo considerando cierto tipo de escritura que circula por internet por dar un ejemplo. Para dios es una respuesta posible, para sí mismo también, así el arte de escribir deviene una rama más de la metafísica: una oración, un examen de conciencia, un petite affaire privée o un grupo sectario de iluminados cuyos miembros son los únicos capaces de entenderse en su jerga esotérica. ¨Cualquier cosa menos una comunicación.¨ afirma Sartre.


Lo que esta consideración metafísica de la escritura pone en superficie es la presunción del arte como actividad sagrada, espiritual. Así la considera Cortázar, entre otras consideraciones, en ¨se dibuja una estrellita¨. Y el problema es que el arte cuando se vuelve sagrado es con los buenos sentimientos que construye, olvidando que es con los buenos sentimientos que se hace mala literatura. De esta manera la literatura queda atrapada en las subjetividades metafísicas de las bellas almas que escriben o lo que es peor, sometida o instrumentada a los poderes temporales. Por eso el ejemplo de Sartre es válido, la literatura de Wright es contemporánea, quizá más actual que mucha de las obras que hoy circulan por todos los medios posibles. Porque mientras existan los problemas de la comunidad negra en los Estados Unidos, Wright sigue vigente. No hace falta ir tan lejos pero éste es el ejemplo que tomó el autor que aquí nos convoca.

Se puede advertir que el autor no da definiciones, se limita a presentar problemas que constituyen tres elementos de un problema mayor: Qué es la literatura? En vano el lector buscará en la obra de nuestro autor una respuesta a la pregunta porque precisamente no es una pregunta. Si tomamos el problema de la literatura partiendo de la pregunta qué es la literatura posiblemente lleguemos a una respuesta, una definición que cosifique a la misma, con lo que entraríamos en el dominio del crítico censor que nos dice qué es bueno y qué no porque parte de la certeza del concepto que se ha formulado haciendo caer a todos aquellos que se cruzan en su camino en la arbitrariedad del juicio que se formuló de la literatura en una noche de insomnio. Sartre está lejos de emitir un juicio sobre qué es la literatura porque la misma es considerada movimiento, actividad, vale decir: una experiencia. La temática de la literatura en Sartre es amplía, aquí me limite a presentar ideas, un pequeño itinerario de trabajo personal que parte de un proyecto más amplio. Por cierto, dije que Sartre no define a la literatura, por supuesto, esto no nos impide diferenciar la bella prosa de la prosa de carnicero.    
   





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