¿Para qué sirve la filosofía?

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¨Cuando alguien pregunta para que sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía¨

Una pregunta que más de una vez me han hecho con respecto a la filosofía, consiste en preguntar por la utilidad de la misma, es decir: para qué sirve la filosofía. Debo admitir que la pregunta en un primer momento me toma de sorpresa, me paraliza y en lo inmediato me veo imposibilitado de generar una respuesta. Por lo general la respuesta llega tarde, seguro esto también les pasa a ustedes si se dedican a la filosofía, la respuesta llega cuando el interlocutor ya no está. La pregunta en un principio parece ingenua, incluso pobre; intenta incomodar desde un lugar común desde el que se presupone que la filosofía no posee ningún tipo de utilidad, es decir que en el fondo consideran que es un mero parloteo de salón para señoritos bien que no tienen nada más que hacer que preguntarse por el ¨ser¨ o hablar en terminologías esotéricas para pequeños grupos de iniciados, léase: ¨ontologías¨, ¨metafísicas¨, ¨el Ser¨, ¨principio de contradicción¨, ¨identidad y diferencia¨ y así en más…. Términos propios de congregaciones seculares: de ahí al convento no hay más que un paso. Pero retomemos la pregunta. Para qué sirve la filosofía, no la dejemos pasar porque en algún momento de la carrera de filosofía tendremos que enfrentarla y es bueno que pensemos los presupuestos que se ocultan detrás de la supuesta inocencia de nuestro interlocutor con su pregunta por la utilidad del saber filosófico. Para eso tenemos a los grandes maestros. Hay muchos, cada uno irá eligiendo según el temperamento de cada quien, y es que las elecciones de los maestros no es menor, nos marcan, nos abre un camino, una senda y un itinerario de trabajo que irá conformando con el tiempo nuestra voz, un estilo, un modo de concebir la filosofía y ejercerla pero cuidado de no caer en pastorales y devenir predicador de una buena nueva filosófica y de salir a la calle a convertir herejes. A veces pasa eso, los ghettos filosóficos son comunes. Y así las escuelas, los hay desde sus comienzos: la academia de Platón o el liceo de Aristóteles o para ser más modernos en las adherencias a cofradías: cartesianos, kantianos, hegelianos o nietzscheanos, sartreanos, deleuzianos, foucualtianos y así hasta agotar todos los nombres posibles y a sus discípulos en tanto cruzados custodios de las verdades de sus maestros. Romper con este muro no es cosa fácil. Y seguimos dando vueltas pero no abordamos el problema de para qué sirve la filosofía. Vayamos un poco al grano.



Ahora voy presentar a mis maestros. Mis autores de referencia, los cuales me empujaron a estudiar filosofía fueron Sartre, Foucault, Deleuze y en un primer momento Nietzsche. Luego vinieron otros pero son ellos a quienes adopté como modelos. Lo curioso de todo esto es que en general, lo poco que sé de ellos, porque no soy un conocedor de la totalidad de sus obras, en el mejor de los casos, puedo afirmar, tomo de cada uno lo que me viene mejor para mis intereses teóricos; lo curioso decía, es que la mayoría de las lecturas de ellos las hice solo en mi casa. La facultad complementa mis lecturas personales y me ayuda a sistematizar mis lecturas un tanto anárquicas. Entonces la filosofía sirve para ordenar nuestras lecturas en tanto disciplina universitaria? Sería muy pobre, muy injusto limitar la filosofía a un orden bibliográfico como rama académica. Regresemos al amigo preguntón que nos insiste con su molesta pregunta: para qué sirve la filosofía. Saco de la manga a uno de mis maestro, el me da algunos indicios. Lo vamos a citar: ¨Cuando alguien pregunta para que sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía¨ La respuesta no puede ser más punzante, ahora van viendo por qué elegí a Deleuze como uno de mis maestros. Y es que el problema con la pregunta es que la misma supone a priori que la filosofía no sirve, que no es útil; y en los tiempos que nos toca vivir la utilidad es un valor supremo, quizá eso explique algo del por qué son tan pocos los que estudian filosofía hoy en día en las universidades: porque no tiene un valor útil. Y sin embargo nada más lejos de la realidad, la filosofía tiene su utilidad pero no es útil a los fines pragmáticos de quien espera resultados inmediatos o hacer grandes ganancias materiales. Su utilidad es baja. 



Desestructura todo los supuestos, sacude la molicie del orden cotidiano, interpela y por lo tanto es molesta. La filosofía como práctica es similar a la de un tábano, metáfora socrática. La filosofía molesta en todos lados porque busca destruir todos los mitos que se construyen a nuestro alrededor. La filosofía es sísmica. Barre con los prejuicios, es crítica del orden establecido y de las verdades absolutas. Para ser más sintético, la filosofía es un arma de combate contra la estupidez absoluta que nos rodea y lo peor, la estupidez en ocasiones se expresa como conocimiento legitimado, como autoridad porque tiene quienes la legitimen. Sobre todo hoy, no son tiempos fáciles, quizá nunca los fueron, pero sí son tiempos confusos en los cuales los discursos del poder hacen suyos reclamos legítimos para legitimarse así mismos y sin embargo en la práctica hay una no correspondencia entre el enunciado y las visibilidades, entre lo que se pronuncia y lo que se negocia bajo la mesa pero no sólo son las instancias molares, también están los microfascismos que desde un supuesto canto a la tolerancia y a la diversidad expresan en sus formas las versiones más arcaicas y cerradas de la izquierda paleolítica a través de eso que llaman hoy el retorno de la política y la militancia. Las coordenadas acusatorias entre ¨derechas e izquierdas¨ no dicen nada porque las diferencias son sólo de superficie. A veces los gregarismos actuales no son más que la expresión oculta al temor de estar solos, el sentimiento gregario es fuerte, no es fácil estar solo o ser minoría y tener el coraje de decir No. Porque cada uno de nosotros es siempre minoría. Minoría que dice No como acto afirmativo cuando se expresa desde nuestras más íntimas convicciones. Bueno, creo que hemos dado algunos indicios de cuál es la utilidad que tanto se nos reclama. Pero el problema no termina aquí, el supuesto de su ¨utilidad¨ nos conduce a un problema mayor. El problema de definir a la filosofía. Qué es la filosofía y para qué sirve. Si puedo decir cuál es su utilidad estaré también en condiciones de dar con el problema de problemas: qué es la filosofía. Por el momento puedo decir que la filosofía puede ir más allá del concepto cerrado, de la definición, porque a la misma se la siente, es decir hay emociones en juego. Los sentimientos verdaderos son difíciles de expresar en palabras, son como el amor, se siente con el cuerpo, el amor que vale la pena se siente en el cuerpo, en las caricias, en los suspiros compartidos y no en palabras, eso hace la poesía. La poesía expresa el amor que le fue negado al poeta, el poeta escribe al amor que no fue o pretérito pero que no es. Con la filosofía sucede algo distinto, se la siente en el cuerpo, si llegan a amar lo que hacen, ustedes solos van a ir descubriendo esas sensaciones en el cuerpo. Esa molestia, estar disconforme con la realidad. Por lo general se manifiesta a través de la fatiga, el hábito de la lectura nos hace sedentarios, hombres sentados. Trabajamos sentados, la lectura se nos marca en el cuerpo y nos deja sus marcas. Pero vayamos terminando nuestro rompecabezas. Comenzamos con una pregunta y llegamos a dar algunas posibles palabras al problema que nunca dejaran de ser parciales. Lo importante es que están aquí leyendo porque les interesa la filosofía. Estudiar filosofía no es poca cosa, es cierto, somos esclavos de la tradición y de la autoridad, pero hay que pasar por ahí si se quiere decir alguna vez una palabra propia. También es necesario cierto coraje, coraje de estar solos y poder decir NO al chantaje moral de nuestros días para articular ejercicio crítico con praxis colectiva sin perder la libertad de decirlo todo. Recuerdo el ejemplo de Sócrates. La filosofía por su nombre es mujer, es mujer… es lo mejor que nos pudo haber pasado en la vida. Sólo falta asumirla con valor y coraje. Quizá, con suerte, algún día esa mujer nos diga que sí.
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