18 de diciembre de 2013



La idea de libertad. Una teoría materialista y sistémica

Publicado por: Andrés H
La idea de libertad. Una teoría materialista y sistémica
En este ensayo analizo brevemente la idea de libertad. Defiendo el libre albedrío contra el indeterminismo metafísico, por un lado, y contra el determinismo fatalista, por otro, y sitúo la libertad en el contexto de la acción personal. Frente a la reducción de la idea de libertad a su acepción negativa (libertad de) opto por ampliar la idea hasta recoger su acepción más genuina como libertad positiva (libertad para), que desemboca finalmente en un enfoque de la libertad como capacidad ligada al autodesarrollo, autodesarrollo que exige intervenciones precisas en el orden social, económico y político con el fin de construir una sociedad libre de injustas privaciones, en la que cada ciudadano pueda disfrutar de los medios adecuados para el libre desarrollo de su personalidad.


La libertad es una idea muy confusa, probablemente una de las más confusas que pueblan nuestros discursos corrientes. Es más: en nuestros tiempos actuales ha llegado a adquirir las características de un auténtico mito oscurantista, en nombre del cual se puede llegar a justificar prácticamente todo.

Debemos evitar hablar de la libertad en un contexto cósmico, como ausencia de toda determinación. El acausalismo es incompatible con una visión realista del mundo (realismo que incluye, por lo menos, una versión laxa del determinismo causal). Es en este plano cósmico donde se plantean la antinomia a la que se refirió Kant y todas las antinomias que ya conocemos: también Descartes intentó resolver el asunto sustrayendo la libertad al orden de lo material-extenso y situándola en el orden del espíritu o pensamiento. Por este lado estamos abocados a la paradoja y al absurdo. 

También hay que desechar las teorías fatalistas de la libertad como consciencia de la necesidad (de la necesidad de la concatenación universal de las causas y los efectos en la que la voluntad humana estaría incardinada). Aunque causalmente determinados, los resultados de la libertad no pueden considerarse, en cambio, vinculados a la concatenación universal de las causas. Es preciso postular la relativa desconexión del sujeto con el orden universal para poder hablar de un cierto margen de libertad, lo que echa por tierra las teorías de tipo holista y místico, según las cuales el mundo es una unidad total indiferenciada en la que todo está relacionado con todo. 

Frente a estas aproximaciones, tenemos que situar la libertad en el plano de la acción, del hacer. La libertad puede ser definida como una capacidad para hacer lo que quiero, que implica libertad de elección entre diversas alternativas de acción, así como una mínima libertad de pensamiento. Si redujéramos la libertad a una simple libertad de operaciones, en nada distinguiríamos a un robot de una persona, pues un robot también puede tener una amplia libertad de movimientos, y sin embargo cuando decimos que un robot es libre de hacer o no hacer algo no lo decimos en el mismo sentido en que lo predicamos de una persona. 

El materialismo emergentista admite la posibilidad del libre albedrío y la autoconciencia concomitante como resultado de la evolución. El libre albedrío no tiene por qué suponer ruptura respecto a toda causalidad. Toda acción humana libre puede ser descrita científicamente como una decisión que involucra vínculos causales tales como los que relacionan los sucesos en la corteza prefrontal con los sucesos que tienen lugar en el sistema neuromuscular. Pero esto no significa que el acto de coger voluntariamente una taza de café para bebérmela no sea un acto libre. Es libre porque soy yo, como persona, como unidad psicofísica indisoluble, quien toma la decisión de hacerlo, no por coacción ni por imposición externa ni obligado por ninguna fuerza superior a mí, sino porque he querido y he tenido, además, la capacidad para ejecutar esa acción. "He hecho libremente esta acción" no equivale a "esta acción no es efecto de ninguna causa" sino a "la causa de esta acción soy yo en cuanto persona". 

Puesto que la volición es un fenómeno mental y todo lo mental tiene lugar en el cerebro, para averiguar si existe libre albedrío tenemos que estudiar el cerebro humano. Donald O. Hebb (1) argumentaba que las investigaciones de Ramón y Cajal así como los datos electroencefalográficos, habían mostrado que el cerebro humano puede activarse continuamente en ausencia de estímulos externos. La propia investigación de Hebb sobre la privación sensorial confirmó esto: que la estimulación externa puede distorsionar el resultado de la actividad cerebral, pero no es su única fuente. El cerebro es capaz por sí mismo de experimentar deseos, elaborar ideas y formar intenciones y planes incluso aunque no haya estímulos directos que le lleven a ello. Es decir, dado que el libre albedrío es el control de la conducta por el pensamiento, y dado que no todo pensamiento es un simple reflejo de un estímulo, el libre albedrío es un hecho biológico, no una ilusión. 

La libertad se desenvuelve en un contexto de acciones que no son nunca simples operaciones de un individuo aislado, sino de un individuo en un entorno y en el seno de un grupo donde hay otros individuos que pueden cooperar con él o bien interferir en el curso de sus acciones. La libertad humana se plantea, por tanto, en el contexto de las relaciones sociales. Por ello, la libertad individual está, ella misma, íntimamente conectada con la libertad social

La libertad puede entenderse fundamentalmente de dos maneras: 

1) Libertad negativa: libertad de no interferencia, ausencia de restricciones físicas externas

2) Libertad positiva: libertad para autodeterminarse, capacidad para hacer algo. 

Puesto que la libertad no es una simple ausencia de impedimentos físicos (libertad negativa), es preciso ampliar la noción de libertad hacia la libertad positiva. Que nadie me impida correr la maratón no quiere decir que pueda hacerlo, por mucho que me lo proponga, si no estoy entrenado para ello. Que nadie me impida acudir a un concesionario a comprarme un automóvil de lujo no quiere decir que sea libre de hacerlo, si ni siquiera tengo dinero para comprar pan. 

Toda libertad positiva presupone, desde luego, un momento negativo (de negación de las limitaciones físicas, de negación de la coacción), pero supera la mera libertad negativa en tanto que a ese momento negativo le añade una determinación que es positiva: la capacidad del sujeto de responder por sus propios medios ante lo que le sucede. Van Parijs se refiere a esta idea cuando habla de libertad real: "Se es realmente libre, en oposición precisamente a formalmente libre, en la medida en que se poseen los medios, no solamente el derecho, para hacer cualquier cosa que uno pudiera querer hacer" (2) 

En definitiva, la libertad es ante todo un poder para hacer algo. Y además es gradual, puede ser mayor o menor en cada individuo dependiendo de diversos factores; por eso tiene un aspecto dinámico

En sentido objetivo, si correlacionamos la idea de libertad con la de poder, y admitimos tres tipos de poder social (económico, político y cultural) (3) tendríamos tres dimensiones sociales de la libertad. Es decir, poseer recursos materiales suficientes para la satisfacción de las necesidades básicas, poder participar en la toma de decisiones sobre los asuntos sociales relevantes y disponer de recursos cognoscitivos adecuados para la formación de un juicio serán los tres componentes principales de una idea de libertad no simplemente formal, sino material

En sentido subjetivo, la libertad es la autonomía. No hay que ver la autonomía, sin embargo, en sentido idealista (como ley moral que la voluntad se da a sí misma), sino como capacidad moral: estructura psíquica que permite al sujeto construir críticamente su propia personalidad. Esta capacidad va indisolublemente ligada a la ética, en la medida en que se refiere a las normas (nomos) que rigen la acción. La persona que puede interiorizar principios éticos universales y dar justificada cuenta de sus decisiones, obra de forma autónoma porque al actuar de esa manera está siendo ella misma la norma de sus acciones y, por consiguiente, sus acciones le definen como persona. 

Para el hindú Amartya Sen, ser libre es ser capaz. ¿Capaz de qué? Capaz de funcionar. Los funcionamientos son las cosas que el sujeto hace o la situación en que se encuentra gracias a sus habilitaciones y al uso que pueda hacer de ellas, por ejemplo, viajar, estar sano o tener una vivienda. Las habilitaciones le permiten a Sen denunciar que las libertades civiles quedan sin contenido cuando se carece del control sobre los bienes materiales con los que hacer efectivas las opciones permitidas por tales libertades. (4) Los funcionamientos ofrecen un panorama general de cómo es la vida del sujeto. Una vida buena es una vida rica en elecciones valiosas que permiten vincular, mediante la capacidad para funcionar, libertad y bienestar. El que pasa hambre porque está en huelga de hambre y el que pasa hambre porque no tiene dinero para comer se encuentran en situaciones muy diferentes que juzgamos diferentes a la luz de sus respectivos funcionamientos alternativos. La libertad del primero (que no posee el segundo) es lo que nos permite valorar positivamente su situación.

Si las condiciones subjetivas y objetivas son óptimas, podremos hablar de un estado máximo de libertad, pero nunca absoluto, puesto que toda libertad es siempre una libertad condicionada a unos límites, límites que no hay por qué considerar en su lado negativo, sino más bien como condición de posibilidad de la misma libertad. 

En síntesis, hay dos conceptos de libertad que deben combinarse, porque se reclaman mutuamente: uno, libertad como autodesarrollo personal, y otro, libertad como liberación de la opresión. La libertad como autodesarrollo personal exige luchar contra las diversas formas de dominación (explotación económica, restricciones a la participación civil y/o política, manipulación ideológica), puesto que esas formas constituyen límites muy estrictos para el propio autodesarrollo personal; por tanto, dicha libertad demanda cambios en el orden social, político y económico existente. 

Pero, al mismo tiempo, la liberación de las diversas formas de dominación no basta por sí misma si no va acompañada de una libertad entendida como reflexión del sujeto sobre su existencia, desarrollo de sus potencias individuales y construcción de un buen carácter que le permita vivir una vida plena y satisfactoria. Que la persona se libre de la dominación externa no garantiza el autocontrol, que es la capacidad del individuo para controlar su comportamiento y responsabilizarse de sus actos.

Una idea de libertad como libertad real y no meramente formal tiene que reconocer el derecho a la existencia material en sociedad como una manifestación de la libertad misma, por ejemplo, en la forma de una Renta Básica Universal que permita la independencia material de cada ciudadano (5). Sin independencia socioeconómica no puede haber verdadera libertad.

La posesión de mi propio cuerpo y mi vida implica la posesión, también, de los recursos necesarios para la preservación de mi cuerpo y de mi vida, en la medida en que el individuo es un sistema abierto a intercambio constante de materia-energía con su entorno, intercambio sin el cual no podría sobrevivir. Desde el momento en que salgo de mi "interioridad" y entiendo que mi vida y mi cuerpo son "partes extra partes", exterioridades que se dan en un sistema de cosas, de procesos, me concibo a mí mismo como parte de un sistema, y no como un sujeto aislado. La necesidad de proveerme de recursos materiales para la vida me pone en contacto con los otros, con la sociedad de la que formo parte, porque sin la sociedad no podría ni siquiera obtener esos recursos.

La independencia humana no sería posible sin sociedades en las que los ámbitos de dependencia, por otra parte, son cada vez más fuertes. Toda libertad se construye como un entretejimiento de interdependencias

Esto conecta con la teoría de sistemas. Para poder ser independiente, debo ser dependiente. (6) ¿Dependiente de qué? De una sociedad que asegure las condiciones de la libertad. El objetivo de construir sociedades con pactos fuertes y sólidos en torno a la defensa de derechos fundamentales; democracias profundas, cohesionadas, sin corrupción, donde todos tengan acceso a una educación de calidad; economías que generen confianza, que no exploten, que satisfagan las necesidades reales de las personas... es un requisito para que los individuos puedan gozar de una verdadera independencia.

Lo más importante no es evitar cualquier fuerza externa a la voluntad del sujeto, sino asegurar que la posición de cada sujeto en el sistema de fuerzas es adecuada para su autodesarrollo. Esas fuerzas pueden constituir interferencias arbitrarias o no arbitrarias. La interferencia está justificada si sirve para corregir la dominación. Lo que hay que evitar son las interferencias arbitrarias. El horizonte es el de una sociedad de personas libres de toda dominación, es decir, una sociedad donde a nadie se le prive de los medios necesarios para el desarrollo de su personalidad. 

Interferir sin dominar es ejercer una capacidad legítima, que puede ser del individuo para defender sus derechos (como las manifestaciones o ejercicios de desobediencia civil, cuyos efectos invaden inevitablemente algunos derechos de terceros) o del Estado tomado como un sujeto peculiar cuya función es velar por la justicia interviniendo en la sociedad para redistribuir los bienes y garantizar la protección de todos sus miembros. 


Notas: 

1. Véase Hebb, D. O., Essay on mind, Earlbaum, Hillsdale, N. J., 1980 

2. Parijs, Philippe van, Libertad real para todos, Paidós, Barcelona, 1996, p. 53

3. Sigo la propuesta de Mario Bunge, según el cual la sociedad humana es un supersistema compuesto principalmente por tres subsistemas: el económico, el político y el cultural. Cada uno de estos subsistemas tendría un tipo de relaciones de poder específicas.  

4. Véase al respecto el ensayo de Amartya Sen, Pobreza y hambruna: un ensayo sobre el derecho y la privación (Poverty and Famines: An Essay on Entitlements and Deprivation), Oxford, Clarendon Press, 1982.

5. Véase al respecto, por ejemplo, la obra de Daniel Raventós, Las condiciones materiales de la libertad, El Viejo Topo, Barcelona, 2007.

6. "(…) esta independencia es dependiente del ecosistema, es decir, se construye multiplicando los vínculos con el ecosistema (…) El hombre es el más abierto de todos los sistemas, el más dependiente en la independencia", Edgar Morin y Nicolas Hulot, El Año I de la Era ecológica, Paidós, Barcelona, 2008, p. 15




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