30 de mayo de 2013



Reseña de Heráclito, vida y obra.

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Filósofos presocráticos y esencia.
Los filósofos presocráticos tienen como punto en común la búsqueda de la esencia de lo existente (el arkhé), apuntando más allá de lo sensible para buscar las causas de nuestro origen. Algunos de ellos sitúan nuestra génesis en los elementos (agua, tierra, aire, fuego), mientras que otros lo nombran y describen de diversas formas (apeiron, nous). En cualquier caso, todos ellos describen un proceso de creación o composición del universo (kosmos), cimentado en la idea de naturaleza (physis) de las cosas sensibles completada por la causa generadora particular dependiendo del autor.

En este contexto debemos ubicar a Heráclito, el autor que nos ocupa. Este pensador, cuyo origen hallamos en la Jonia, fue natural de Éfeso (544 a.C. - 484 a.C.). Diógenes Laercio (filosofo contemporáneo de Heráclito) le atribuyó un libro titulado “Sobre la naturaleza”, que, dividido en tres partes, versaría sobre cosmología, política y teología, pero no solo no se poseen pruebas concluyentes de que el de Éfeso escribiese este libro, sino que muchos indicios parecen apuntar lo contrario. De su obra refrendada conservamos más de un ciento de sentencias inconexas, pero este hecho no presenta un inconveniente al referirnos a Heráclito, pues el estilo literario que eligió fueron los aforismos, sentencias independientes de carácter críptico. Esta singular forma de expresión nos lleva por asociación al Oráculo de Delfos.

A este templo, dedicado a los dioses Apolo y Dionisos y situado al pie del Monte Parnaso, se dirigían los griegos para preguntar a las deidades sobre sus inquietudes. Allí, tras ofrecer un sacrificio, la sacerdotisa (Pitia) daba su respuesta, que era transcrita en aforismos y entregada al consultante por medio de un sacerdote. Pero Delfos no solo fue un lugar de oración y consulta para los griegos. Delfos representa el origen del saber, si queremos, el símbolo del llamado "Paso del Mito al Logos", pues mediante la interpretación del oráculo se nos insta a buscar la respuesta en la racionalidad más que en el dios en sí. Los dioses están, pero es el hombre el que ha de mirar más allá de sí y de lo divino para encontrar las respuestas que busca.

En este tiempo, alrededor de esta búsqueda, nació la filosofía. Lo que destaca precisamente a Heráclito dentro de este proceso es que fue el único en su época en utilizar el aforismo como método principal para divulgar sus enseñanzas. Utilizó el sistema de comunicación del oráculo para desarrollar una completa proposición sobre el orden de todo lo existente y, a la vez, fue probablemente el más apasionado defensor de sus teorías. Tras poner en duda el hecho de que el origen de lo existente está en los dioses, apuntala sus enseñanzas con un deje de religiosidad, afirmando dormidos a aquellos que no pueden ver o entender lo que afirma. El de Éfeso conjuga como ningún otro verdad absoluta y racionalidad, y es precisamente esto lo que le vincula de manera singular a Delfos por lo que representa, convirtiéndose a la vez en una extensión –como perteneciente al movimiento de razón del que Delfos es centro– y en una alternativa –usando el mismo recurso, pero en otra dirección.

Heráclito ofrece pues un sistema de respuestas para el mundo que percibimos. El jonio nos insta a echar un vistazo tras la cortina de nuestros sentidos. Nos habla del alma, del orden del universo y del lugar que los dioses ocupan en dicho sistema. Su pensamiento nos permite, por tanto, adentrarnos en las que tradicionalmente han sido las preocupaciones más hondas del ser humano.


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