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Los monos triunfadores

Los monos triunfadores
El único mal del ser humano es su propia personalidad, alterada por los pecados, de manera que busquen vivir más alto de lo que vive, por ejemplo, delirios de grandeza.

Mono maligno de la película "about the evil monkey that eats people"

Los monos triunfadores siempre ganan la partida, hagas lo que hagas, siempre te esperan en una esquina, en un resbalón de moral, en una escalera con final, en una vida con fecha de caducidad. Te esperan sonrientes, te espían en silencio, y cuando menos te lo esperas, te dan su golpe de negatividad, de pesimismo, de vana gloria, de pena, de vergüenza, ó nos crecen demasiado, llevan nuestras ilusiones al cielo y antes de alcanzarlo, nos dejan caer de nuevo a la tierra, a la vida llana, vacía de sentimientos, a nuestra vida llena de trabajo, de esfuerzos para obtener nuestro granito de oxigeno y Paz. Y todo para conseguir amor, esos escorzos de amor que nos hagan respirar y olvidarnos del dolor de su tormento psicológico, mental, así es su ataque.

Nos hablan en susurros, entre el silencio que originamos al pararnos a pensar, en el bosque de las dudas, nuestro siguiente paso, nuestro siguiente acierto, entonces ellos hablan, nos sacuden con una verdad tan legítima y tan verdadera, que entre la negrura espesa del bosque y la falta de luz por la copa de nuestros sueños, nos sacudimos en el muro de la vergüenza, de la realidad, de nuestra ignorancia, de nuestra falta de acierto.

Por nuestro orgullo quedamos prisioneros en su prisión invisible de gozos y sombras, por nuestra soledad, incluso la soledad compartida, esa que no vemos, pero sentimos, porque una venda nos tapa el ojo del corazón, y no vemos que alrededor tenemos a gente que nos ayudará si se lo pedimos, incluso sin pedirlo, dando un abrazo a nuestra espalda y preguntando si nos pasa algo, pero estamos tan envenenados, tan frustrados por nuestros tropiezos, que con eso no basta, y plantamos cara al mono más valiente y aguerrido, al duro de pelar, el mono de nuestros propios miedos, a la apatía, a la indiferencia, y por solos que estamos o que nos sentimos, asistimos anonadados al mono del olvido, a nuestra propia vida olvidada, a esos deseos que se reflejan en el espejo de la realidad, prisioneros de un mono que nos mira con su prepotencia habitual, con su sombra negruzca que asciende desde el suelo y nos engancha el alma llena de colores, para ensombrecer nuestra ilusión y esconder, en algún sitio, nuestra luz infinita.

Nos hemos transformado en un hombre gris, en alguien sin ilusión, sin risa ni sonrisa, sin un comentario jocoso que le haga despertar. La única forma de salir adelante, es recordar nuestras ilusiones y no perderlas jamás, soñar es gratis y necesario, porque nacen en una región cerebral donde no manda nadie.  Sigue tus sueños como si fueran reales y en minifalda, lucha con ellos a través de tus ilusiones y logros, a través de tus luces y colores, a través del lenguaje del alma.


Abre tu mente querido mortal, haz que tu nombre sea recordado para siempre en los anales de algo, lo que sea, pero vive eternamente en el recuerdo de tus seres queridos, que tu alma quede libre cuando abandones el pasaje, que tu esencia se quede con nosotros, que nos impregne de todo lo positivo de tu alma, que nos lleve al centro de tu ser, solo así podremos terminar tus obras, o mejorarlas, con tu permiso, o simplemente llevarlas hasta el infinito y más allá, solo así serás libre de los monos triunfadores.


COPYRIGHT © JUAN JOSÉ LAJARA CÓRCOLES 2010, R.P.I. nº 08/2010



LOS MONOS TRIUNFADORES/ Artículo filosófico
Juan José Lajara Córcoles, conoceme en mi blog personal, en Facebook y Twitter  / Gmail: juanjoselajara@gmail.com

¿Lo único constante es el cambio?

¿Lo único constante es el cambio? ¿Constancia cambiante?
En un primer vistazo, parecería ser obvio que la afirmación de que todo cambia (y de manera constante) es la respuesta obligada, pero... ¿será?.


Atlas, imagen de woodleywonderworks
Constancia cambiante, cambio armónico y "solidario", son conceptos más difíciles de aceptar, pero que parecen ser la mejor respuesta. Primero habría que definir qué es lo que queremos decir con la palabra "cambio", y podemos concluir rápidamente, que es un sinónimo de movimiento o cambio de estado. Cambiar es pasar de A a B, moverse de un estado a otro.

Ahora, y aquí es donde se empieza a complicar la cosa; partamos de la idea de que el tiempo no existe, que solo es una representación mental, una idea, un invento del hombre, para poder medir el movimiento, ¿Qué? ¿Cómo? Los físicos inmediatamente van a interpelar acertadamente, diciendo que el tiempo es una de las muchísimas dimensiones del universo en que habitamos. Espacio y tiempo son relativos, pero ¿qué diríamos acerca de que también el movimiento lo es? Para abordarlo, es necesario justificar cómo es que no existe el tiempo.
El tiempo no es más que una comparación de movimientos. Cuando determinamos "un tiempo" lo que hacemos realmente es comparar el evento A...B con el evento C...D, ejemplo, comparamos el trayecto de un vehículo con el movimiento de las agujas de un reloj, que a su vez es comparado con un patrón definido para determinar las unidades del tiempo (cierta cantidad de vibraciones del átomo de Cesio, en el caso del tiempo terrestre). Pero el tiempo nunca existió, lo que encontramos fue solo la comparación de ciertos movimientos.
Bien, ahora vamos a complicarnos un poquito más el análisis, y para esto hay que hacer uso de la imaginación. Imaginemos que es posible variar "el ritmo" de todo movimiento existente en el universo, pero absolutamente de todo. Para esto habrá que imaginar que esta variación es autónoma, o sea, que no existe nada ni nadie que no esté incluído en la variación y, por lo tanto, no hay nada ni nadie que pueda apreciarla, que pueda comparar "su movimiento" con el del resto del universo. ¿Qué pasaría si se redujera el ritmo de todo movimiento existente a la mitad de lo que actualmente es dado? Nada. Al estar todo movimiento sincronizado, desde las partículas más elementales hasta los sistemas más complejos, la RELATIVIDAD del movimiento es la misma, la comparación del movimiento A...B con la de C...D guarda la misma proporción, la relación no se altera. La luz, por ejemplo, viaja a la misma velocidad, ya que, aunque su movimiento es "más lento", también más lento es el referente con la que se compara. Solo sería más lenta para un observador en otro sistema de referencia, pero como dijimos que no existe tal, nada cambia. Y, así, con todo lo existente.

En este ejercicio de la imaginación, supongamos que es posible reducir el ritmo a cero, nada se mueve, como en una fotografía. En teoría esta condición se daría si la temperatura de todo el universo descendiera hasta el cero absoluto, los átomos y sus partículas dejarían de moverse por completo. En esta situación el universo y todo lo que en el existe, sería un bloque estático de "existencia". Al no haber movimiento alguno, no hay necesidad de medirlo, no es necesaria la idea del tiempo. El tiempo se da como resultado de la existencia del movimiento. Si se abriera la llave de este movimiento por un pequeñísimo período y se cerrara nuevamente, obtendríamos nuevamente otra fotografía. Al abrir definitivamente esta llave, lo que resulta es una infinita serie de fotografías de la existencia, una película a la que llamamos presente.

De esta manera, aunque todo está en movimiento, aunque todo está cambiando, no es más que una constancia cambiante, un cambio sincronizado, armónico y solidario. Vivimos en un presente continuo, en un tiempo que es solo si nosotros somos, en el que nos modificamos en conjunto y con el mismo ritmo. Es como viajar dentro de una caja donde las cuatro paredes fueran espejos, no importa cuanto se mueva o cambie de posición, las imágenes que en su interior se reflejen no cambiarán, solo un observador en otro sistema de referencia apreciaría el cambio, pero, como no hay otra cosa que el TODO o el UNO, lo único cambiante es el presente continuo.




¿Lo único constante es el cambio? ¿Constancia cambiante?
Escrito de Alfonso Rodríguez Ureña. Contacto por correo: ponchourena.rodriguez@aol.com

 
Microfilosofia, revista de caracter público y gratuito, diseñada y administrada por Esteban Higueras Galán.