8 de agosto de 2011



La terapia hipnotica por Milton H. Erickson

Publicado por: Esteban Higueras Galán / @HGEsteban

Milton H. Erickson nació en 1901 en Aurum. Fué un médico e hipnoterapeuta estadounidense, innovador y pionero en cambiar las técnicas de hipnotismo aplicadas a la psicoterapia, excluyose de la influencia del psicoanálisis, del conductismo y de la terapia sistémica, aventajando su psicoterapia como un escollo de pensmiento futurista, placentero y anti-deseante, muy cercano al pensamiento de Spinoza, Deleuze o Onfray. No creo un sistema, él construyó lo que se a dado en llamar psicoterapia breve- a continuación sus principales postulados:

Milton H. Erickson

«El pasado no puede cambiarse; sólo se cambia la interpretación y el modo que tenemos de verlo, e incluso esto se modifica con el paso del tiempo. En consecuencia, en el mejor de los casos, los modos de ver y las interpretaciones del pasado tienen importancia sólo cuando embrutecen a una persona en una rigidez. La vida se vive en el presente, para el mañana. Por lo tanto, la psicoterapia se orienta de modo apropiado con respecto a la vida de hoy al preparar el mañana, el mes próximo, el año próximo, el futuro, que en si mismo impondrá muchos cambios en el funcionamiento de la persona en todos los niveles de su conducta.»

«Una terapia es buscada en primer término, no para esclarecer un pasado inmodificable, sino a causa de una insatisfacción con el presente y un deseo de mejorar en el futuro. Ni el paciente, ni el terapeuta pueden saber en qué dirección se ha de verificar un cambio y en qué grado ha de tener lugar este último. Pero se precisa cambiar la situación actual y una vez establecido el cambio, por pequeño que sea, se precisa de otros cambios menores y un efecto de bola de nieve de estos cambios menores conduce a otros más importantes, de acuerdo con las posibilidades del paciente.»

«La inducción y mantención de un trance sirve para proveer un estado psicológico especial en el cual los pacientes pueden reasociar y reorganizar sus complejidades psicológicas internas y utilizar sus propias capacidades en una forma acorde con su propia vida experiencial. La hipnosis no cambia a las personas ni altera su vida experiencial pasada. Sirve para permitir que aprendan más de si mismos y expresarse más adecuadamente.

Las sugestiones directas están basadas primariamente, quizá en forma involuntaria, en el supuesto que cualquier cosa que se desarrolle en hipnosis deriva de la sugestión entregada. Esto implica que el terapeuta tiene el poder milagroso de efectuar cambios terapéuticos en el paciente, y pasa por alto el hecho que esa terapia es el resultado de la resíntesis del comportamiento del paciente, logrado por el mismo paciente. Es cierto que las sugestiones directas pueden efectuar una alteración del comportamiento del paciente y dar como resultado una cura sintomática, al menos en forma temporal. Sin embargo, dicha “cura” es simplemente una respuesta a la sugestión y no trae consigo esa reasociación y reorganización de ideas, comprensiones y recuerdos que son tan esenciales para una curación real. Es esta experiencia de reasociación y reorganización de su propia vida experiencial la que eventualmente termina en una curación, no la manifestación de comportamiento dispuesto a responder que puede, en el mejor de los casos, satisfacer solamente al observador.»

Erikson se negó a calificar a su método como una terapia, negó que siguiera regla alguna y en contrapartida focalizó su atención en la individualidad del paciente, ejecutando “terapias” únicas acordes a las experiencias de su paciente.

«En el desarrollo de la psicoterapia como un campo de los esfuerzos médicos ha habido una extensa elaboración de la teoría y una asombrosa rigidez de procedimientos. Esto es particularmente el caso de muchas escuelas divergentes de orientación psicoanalítica. Este indebido énfasis en una extensa superestructura teórica como requisito para toda psicoterapia, junto a una rigidez del acercamiento terapéutico hacia todos los pacientes, surge de tres supuestos generales. El primero es que la psicoterapia basada en el comportamiento observable y relacionada primariamente con las exigencias de las situaciones vitales inmediatas y futuras del paciente debe ser necesariamente inadecuada, superficial y sin validez –al ser comparada con una terapia que reestructura las comprensiones del paciente hacia su pasado remoto.

El segundo supuesto es que el mismo acercamiento rígido y estereotipado a la terapia (las rutinas del “análisis clásico”, la terapia “no directiva”, etc.) es aplicable a todos los pacientes, todas las veces y en todas las situaciones. Este supuesto descuida la significación inmediata de (a) la individualidad de las experiencias vitales, reacciones y aprendizajes; (b) el contexto del problema en relación con la situación vital real; y (c) el carácter de la sintomatología manifiesta, ya sea básicamente psicológica, fisiológica, somática, o una variada combinación de ellas tres.

El tercer supuesto es que la psicoterapia efectiva ocurre a través de la interpretación y la explicación al paciente, ya sea en forma directa o indirecta, respecto al significado interno de su vida experiencial formulada en términos de especulaciones postuladas por una escuela particular de psicoterapia. Para ilustrar este supuesto, considérese lo siguiente: Un infante hambriento que succiona ávidamente el pecho de su madre, no es considerado simplemente como un infante que satisface un hambre fisiológica. Por el contrario, la succión es interpretada como una reacción agresiva en un estado de resentimiento a la experiencia de hambre fisiológica y en un esfuerzo por incorporar a su madre como una defensa contra un mundo amenazante. De este modo, a un proceso de la vida física, universal en todos los mamíferos, se le da una interpretación muy específica, que implica un complicado proceso mental en un infante recién nacido.

Que muchas escuelas de psicoterapia estén basadas en formulaciones del comportamiento humano divergentes, a menudo opuestas y contradictorias –y, sin embargo, alcancen esencialmente los mismos resultados terapéuticos– no disminuye la dependencia de esos supuestos generales. Ni ha llevado a los proponentes de esas diversas escuelas a re-examinar los principios de sus enseñanzas. La excesiva elaboración de esas interpretaciones teóricas del comportamiento humano, junto al carácter rutinario de los procedimientos terapéuticos, ha hecho a la terapia una empresa prolongada y cara que no está al alcance de una vasta mayoría de pacientes. Así, el ideal de una psicoterapia alcanzable y fácilmente aplicable ha sido derrotada. En su lugar, las diversas escuelas de psicoterapia, particularmente aquellas de orientación analítica, han elaborado sus propias filosofías separadas y diferentes a las cuales los clientes deben adaptarse incluso cuando no estén interesados en ellas.»

«El desarrollo de los síntomas neuróticos constituye un comportamiento de carácter defensivo, protector. Debido a que es un proceso inconsciente, y excluido de este modo de los entendimientos conscientes, es ciego en su naturaleza y no sirve a los propósitos útiles de la personalidad. Tiende a ser un impedimento e incapacitar en sus efectos. La terapia de ese comportamiento retorcido presupone ordinariamente que debe haber una corrección de las causas subyacentes. Si embargo, esa corrección, a su vez, presupone no solamente una voluntad fundamental de parte del paciente para adecuar la terapia, sino que también una oportunidad real y una situación que conduzca al tratamiento. En ausencia de uno o ambos requisitos, las metas terapéuticas y los métodos deben ser re-ordenados para acoger tan adecuadamente como sea posible la realidad de la situación total.

En el intento de esa terapia modificada, el problema surge de lo que realmente puede hacerse con la sintomatología neurótica donde la realidad del paciente y su situación vital constituyen una barrera para un tratamiento global. Los esfuerzos para la remoción de los síntomas a través de hipnosis, persuasión, re-condicionamiento, etc., usualmente son inútiles. Casi invariablemente hay un retorno a la sintomatología, ya sea la misma u otra, con una resistencia aumentada a la terapia.

Igualmente inútil, bajo esas circunstancias limitantes, es cualquier esfuerzo por centrar el tratamiento alrededor de conceptos idealistas de la comprensión, o, como ocurre infortunadamente muy a menudo en estos casos, alrededor de la concepción de lo que es necesario, apropiado y deseable. En lugar de esto, es imperativo que se dé reconocimiento al hecho que la terapia global es inaceptable para algunos pacientes. Su pauta total de ajuste está basada en la continuación de ciertas inadaptaciones, las cuales derivan de debilidades reales. Por lo tanto, cualquier corrección de esas inadaptaciones sería no deseable si es que no imposible. En forma similar, la realidad del tiempo y la restricciones de la situación pueden hacer imposible una terapia global y, por lo tanto, frustrante, inaceptable y realmente intolerable para el paciente.
Por consiguiente, una meta terapéutica apropiada es aquella de ayudar a los pacientes a funcionar tan adecuada y constructivamente como sea posible bajo esos impedimentos, internos y externos, que constituyen parte de su situación vital y necesidades.

Consecuentemente, la tarea terapéutica se convierte en el problema de utilizar la sintomatología neurótica para acoger las necesidades singulares de cada paciente. Dicha utilización debe satisfacer el deseo compulsivo para los impedimentos neuróticos, las limitaciones impuestas a la terapia por las fuerzas externas, y, por sobre todo, suministrar adecuadamente ajustes constructivos, ayudados, más que incapacitados, por la continuación del neuroticismo.»

                       
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