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| Eduardo Bertone |
Pueden existir lecturas por la búsqueda de una intención, si es el encuentro con un problema que aclare un estado de cosas, a partir de ahí sería lectura por intención ( y no por significación) como las lecturas místicas de textos orientales, o religiones antiguas. Siempre se pretende ver más, ¿cómo consigo ver más?, esta es la curiosidad religiosa que conceptualiza gestos y formas y los enlata en palabras y enunciados....
Cuando se leé en busca de una intención se absorbe progresivamente un problema, el autor desarrolla un estilo atraves del cual propicia la captación de afectos (esto lo hace el filosofó, el músico, el poeta, el pintor...) Algunos autores usan modos de pensamiento que se desplazan por rutas no-comunes, que potencian devenires no-masificados. Son autores no comprendidos, autores que pretenden afectos sin lengua y hablan de ellos en una lengua extraña, son estos quienes realizan la función de actualizar el tramado lingüístico de su época, y podrían llamarse; conceptualizadores, enunciadores, creadores o algo común a estos tres. Actúan como si la lengua se alterase por momentos y grados de afección, como si en la historia de las palabras algunas quedarán vaciás por "economía emocional", y naciesen nuevos afectos que necesitasen de estas.
Pues, si hay palabras vaciás de afectos y viceversa, estos autores realizan el trabajo de enunciación, necesitan la palabra que a través del mejor (más útil) enunciado consiga conceptualizar un afecto que cambia. Y sería una de las más virtuosas acciones de la filosofía.
Vive.
.Goza






