6 de octubre de 2010



Deleuze. Foucault y la Tª de visibilidades

Publicado por: Esteban Higueras Galán / @HGEsteban
En Foucault. los lugares de visibilidad nunca tendrán el mismo ritmo, la misma historia, la misma forma que los campos de enunciados, y la primacía del enunciado sólo será válida por esa razón, en tanto que se ejerce sobre algo irreductible. Cuando se olvida la teoría de las visibilidades se mutila la concepción que Foucault tiene de la historia, pero también se mutila su pensamiento, su concepción del pensamiento. Se lo convierte en una variante de la filosofía analítica actual, con la que no tiene casi nada en común . Foucault siempre se sintió tan fascinado por lo que veía como por lo que oía o leía, y la arqueología tal y como él la concebía es un archivo audiovisual (empezando por la historia de las ciencias).

Si a Foucault le gusta enunciar y descubrir los enunciados de los demás, es porque también tiene una pasión por ver: lo más característico de él es la voz, pero también los ojos. Los ojos, la voz. Foucault siempre ha sido un vidente, a la vez que introducía en la filosofía un nuevo estilo de enunciados, de acuerdo con un doble movimiento, con un doble ritmo. Lo estratificado no es el objeto indirecto de un saber que surgiría después, pero constituye directamente un saber: la lección de cosas y la lección de gramática. Por eso la arqueología se ocupa de los estratos, precisamente porque no remite obligatoriamente al pasado. Existe uria arqueología del presente. Presente o pasado, lo visible es como lo enunciable, son el objeto, no de una fenomenología, sino de una epistemología.

Lo que Foucault reprochará a La historia de la locura es que todavía invoque una experiencia vivida salvaje, a la manera de los fenomenólogos, o unos valores eternos de lo imaginario, a la manera de Bachelard. De hecho, nada hay previo al saber, pues el saber, tal y como Foucault lo convierte en un nuevo concepto, se define por esas combinaciones de visible y de enunciable específicas de cada estrato, de cada formación histórica. El saber es un agenciamiento práctico, un .«dispositivo » de enunciados y de visibilidades. Nada hay, pues, bajo el.saber (aunque haya cosas fuera del saber). Lo que equivale a decir que el saber sólo existe en función de «umbrales» muy variados, que señalan otras tantas láminas, separaciones y orientaciones en el estrato considerado. A este respecto, no basta con hablar de un «umbral de epistemologización»: éste ya está orientado en una dirección que conduce a la ciencia y que todavía atravesará un umbral específico de «cientificidad» y, eventualmente, un «umbral de formalización».


En el estrato también existen otros umbrales, orientados de otra forma: umbrales de etización, de estetización, de politización, etc. El saber no es la ciencia, y es inseparable de tal y tal umbral en el que está incluido: incluso la experiencia perceptiva, incluso los valores de lo imaginario, incluso las ideas de la época o los elementos de la opinión común. El saber es la unidad de estrato que se distribuye en los diferentes umbrales, mientras que el estrato sólo existe como la acumulación de esos umbrales bajo diversas orientaciones y la ciencia sólo es una de ellas.
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